Le sigo dando vueltas al asunto, pensando si en verdad vale la pena.
Y es que, ¿en realidad quiero escribir aquí?, ¿en realidad quiero escribir algo?
Entonces ella insiste, ella sigue diciendo que debo hacerlo, que si cedo y comienzo a guardarme todo lo que aveces pasa por mi cabeza entonces habré perdido y ya no habrá remedio. Pero que yo recuerde no estaba en ninguna batalla, no estaba pretendiendo nada... ¿o si?... y en todo caso, ¿tendría acaso que valer la pena?
Tal vez no puedo evitarlo, escribir es una especie de necesidad, de catarsis, de respiración complementaria... de todo aquello que tantos otros han dicho antes de mí. Escribir es necesario para mantenerme en esto que he escogido, para no volverme loca, para no caer en la cordura.
Escribir para no salvarme.
Aún así, ¿publicar?
Ella insiste. Ella quisiera leerme y parece que los correos ocasionales no son del todo suficientes. En realidad ella quiere meterse a mi cabeza y enterarse de lo que hay ahí dentro, como si eso fuese posible, escuchar todas las voces, leer de cosas que en realidad no existen, de aquello que normalmente me guardaría para mí o que nadie entendería.
No sé que resulte, pero quizá por la contradicción que implica es que lo hago.
O por el temor a salvarme.
O por ella.